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Esta verdad es, al mismo tiempo, fuente de consuelo y un desafío para nosotros

hace 22 horas
2 min de lectura

Actualizado: hace 13 horas

En el otoño, mientras la tierra se prepara para su descanso invernal, las lecturas bíblicas nos preparan para el fin de los tiempos, casi como si se tratara de una especie de pre-Adviento.


El Evangelio de san Mateo nos presenta el Reino de Dios mediante las imágenes de las vírgenes que esperan la llegada del esposo y de los servidores fieles que están preparados para encontrarse con su señor.


¿Cuáles son las cualidades y actitudes que se esperan de nosotros para que seamos hallados fieles hasta el final?


La sabiduría ocupa un lugar central en las lecturas bíblicas de hoy. Es uno de los siete dones del Espíritu Santo y un don esencial para vivir nuestro camino de corresponsabilidad cristiana. La sabiduría no nos proporciona todas las respuestas, sino que nos enseña a confiar en Aquel que sí las tiene. La sabiduría del Espíritu Santo nos ayuda a abandonarnos a la providencia de Dios, en lugar de confiar únicamente en nuestro propio entendimiento. En un mundo complejo e imprevisible, esta es la única confianza capaz de concedernos una paz duradera.


En la segunda lectura de hoy, san Pablo aplica esta misma sabiduría al tema de la muerte. Nos exhorta a no entristecernos «como los demás, que no tienen esperanza». Puesto que Cristo ha vencido a la muerte por medio de su Resurrección, quienes le pertenecen tienen motivos para vivir en la esperanza, incluso ante la pérdida de un ser querido. Por eso nos reunimos aquí cada domingo: para renovar nuestra fe en la resurrección de los muertos y en la vida eterna.


Esta verdad es, al mismo tiempo, fuente de consuelo y un desafío para nosotros. La muerte es inevitable, pero no es el final. Los cristianos que vivimos como fieles administradores de los dones de Dios mantenemos siempre presente esta perspectiva eterna, permitiendo que ella dé forma a nuestra manera de vivir cada día. Nuestro camino de corresponsabilidad cristiana nos ayuda a permanecer preparados para ese día. Por medio de la oración, los sacramentos, el servicio generoso y el uso fiel de los dones que Dios nos ha confiado, mantenemos nuestro corazón vuelto hacia Cristo. Así, cuando llegue el Esposo, estaremos preparados para salir a su encuentro con alegría.


P. Mark Zacker

Párroco

 
 
 

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