todos los santos

En esta Solemnidad de Todos los Santos, tenemos la profunda alegría de celebrar a nuestros hermanos y hermanas en Cristo: todos los santos. Sus vidas nos recuerdan que la santidad no está reservada para unos pocos elegidos. Por medio del Bautismo, la Confirmación y la Sagrada Comunión, cada uno de nosotros recibe la llamada a la santidad y al discipulado. En otras palabras, todos estamos llamados a ser santos.(¡En este momento, casi 60 personas se encuentran en el proceso de iniciación cristiana! ¡Por favor, oren por ellas!) El camino de vida del discipulado y la corresponsabilidad cristiana nos ayudan a responder a esa llamada en las circunstancias ordinarias de la vida cotidiana, ofreciéndonos nuevamente a Dios con corazones agradecidos.
La primera lectura de hoy, tomada del libro del Apocalipsis, nos ofrece una visión del cielo: todos los santos están de pie ante el trono de Dios, alabando al Cordero que los ha redimido. Su alegría no llegó sin sacrificio. Permanecieron fieles en medio del sufrimiento y las pruebas, confiando en la gracia de Dios hasta el final.
San Juan nos ofrece un gran motivo de aliento en la segunda lectura de hoy: ya somos hijos de Dios, pero nos espera una alegría aún mayor. Esta promesa nos llena de esperanza y nos fortalece para perseverar.
En el Evangelio de hoy, Jesús proclama las Bienaventuranzas. No son simplemente palabras hermosas ni ideales elevados. Describen el corazón de un discípulo. Los pobres de espíritu, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz y quienes permanecen fieles en medio de la persecución manifiestan vidas transformadas por la gracia de Dios.
Estas virtudes van en contra de muchos de los valores de nuestra cultura estadounidense. No podemos alcanzarlas únicamente con nuestro propio esfuerzo. Son fruto de una vida arraigada en la oración, alimentada por los sacramentos y moldeada por una relación cada vez más profunda con Cristo. Como corresponsables cristianos, procuramos crecer día a día en estas virtudes, confiando no en nuestras propias fuerzas, sino en la gracia de Dios. Que el testimonio y las oraciones de nuestros hermanos y hermanas en Cristo, TODOS LOS SANTOS, nos animen mientras continuamos nuestro propio camino hacia la alegría eterna del cielo.
P. Mark Zacker
Párroco














Comentarios