Demos gracias a Dios cada día por llamarnos a participar en su obra

Cuesta creer que llegué aquí a Saint Francis hace ya cinco años, el 15 de septiembre. ¡Me siento muy feliz de ser su párroco! ¡Qué gran crecimiento estamos experimentando en nuestra parroquia! Durante este tiempo, hemos incorporado oficialmente a casi 600 familias. Y extraoficialmente, ¡veo que son muchas más las familias que se acercan a nuestra parroquia a lo largo del año!
Pronto tendremos una actualización sobre el proceso de búsqueda de un posible nuevo terreno para establecer una nueva misión parroquial en el área de Crystal Valley. Después del estudio de viabilidad que realizamos en la primavera, hemos estado buscando activamente posibles terrenos y finalmente hemos seleccionado uno. Ya hemos comenzado un proceso de evaluación y diligencia debida para estudiar el terreno y asegurarnos de que sea adecuado para construir una iglesia de un tamaño similar a la que tenemos aquí en Saint Francis. ¡Estén atentos para más información!
Aunque nunca podremos comprender plenamente el amor de Dios ni sus caminos, las lecturas bíblicas de hoy nos recuerdan que los caminos y las prioridades de Dios son muchas veces muy diferentes de los nuestros.
El mundo suele decirnos que el éxito se mide por avanzar, velar por nuestros propios intereses o pensar que el tiempo es dinero. Dios nos ofrece una perspectiva diferente por medio del profeta Isaías: «Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus caminos son mis caminos». Como discípulos de su Hijo, vemos la vida desde la perspectiva de Dios, utilizando nuestro tiempo, nuestros talentos y nuestros bienes con la eternidad en mente.
San Pablo nos da un ejemplo de esta manera de pensar en la Segunda Lectura de hoy. Él escribe: «Para mí, la vida es Cristo». La vida de Pablo no gira alrededor de sí mismo. Todo está centrado en Cristo. Lo mismo debería ser cierto para cada uno de nosotros.
En el Evangelio de hoy, Jesús nos muestra esta perspectiva divina por medio de la parábola de los trabajadores de la viña. La misma tentación que los afectó a ellos también puede afectarnos a nosotros. Podemos compararnos con los demás y preguntarnos si todos los demás están aportando tanto como nosotros en casa, en el trabajo o en nuestra parroquia. En esos momentos, recordemos que es un privilegio simplemente haber sido invitados a trabajar en la viña del Señor. Cuantas más oportunidades tengamos de servirle, mayor es el regalo que hemos recibido.
Vivir este estilo de vida de corresponsabilidad, con Cristo en el centro de todo, llena nuestra vida de sentido, propósito y una alegría que perdura. Demos gracias a Dios cada día por llamarnos a participar en su obra.
P. Mark Zacker
Párroco














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