Las lecturas bíblicas de hoy nos recuerdan no solo quiénes somos, sino también de quién somos.
Las lecturas bíblicas de hoy nos recuerdan no solo quiénes somos, sino también de quién somos. En un mundo lleno de prioridades que compiten entre sí y de constantes distracciones, debemos poner a Dios en primer lugar en todos los ámbitos de nuestra vida.
La corresponsabilidad cristiana nos ayuda precisamente a hacer esto. Nos invita a utilizar nuestro tiempo, nuestros talentos y nuestros recursos de tal manera que proclamemos, no solo con nuestras palabras, sino también con nuestra vida, que pertenecemos al Señor. Por medio del Bautismo, la Eucaristía, la Reconciliación, la Sagrada Escritura y la vida de la Iglesia, Dios nos concede todas las gracias que necesitamos para vivir como discípulos fieles.
Esta verdad se hace especialmente evidente en el Evangelio de hoy. La moneda lleva la imagen del César, por eso le pertenece al César. Nosotros llevamos la imagen y semejanza de Dios. Pertenecemos a Dios. Todo lo que tenemos viene del Señor y, por el Bautismo, nos hemos convertido en sus hijos e hijas. Nuestra vida no nos pertenece; es un don que Dios nos ha confiado para que, con un corazón agradecido, podamos conocerlo, amarlo, servirlo y ayudar a los demás a hacer lo mismo.
Por eso, no vivamos como quienes se pertenecen a sí mismos, sino como hijos e hijas marcados para siempre con la imagen de Dios. Entreguémosle cada día nuestro tiempo, nuestros talentos y nuestros recursos, y dejemos que toda nuestra vida proclame con alegría y valentía: “Soy del Señor”.
¡Que Jesús los bendiga con la paz y todo bien!
P. Mark Zacker













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