Greeley



Las últimas dos semanas escribí sobre mis experiencias visitando Roma y Asís. Esta semana voy a escribir sobre Greeley. ¡Sí, Greeley, Colorado! El padre Homero y yo nos unimos al obispo Golka y a todos los sacerdotes de la diócesis en nuestra reunión anual de primavera en Greeley del 2 al 5 de mayo. Celebramos juntos la Misa y la Liturgia de las Horas todos los días. Disfrutamos de las comidas juntos, así como del tiempo para conversaciones informales.

Pasamos nuestro primer día revisando nuestros planes como sacerdotes de la

Diócesis para trabajar junto con nuestro Obispo en una comunicación más eficiente, construyendo relaciones fraternales entre nosotros y profundizando nuestra vida espiritual. ¡Fue una buena revisión de lo que más esperaría de nosotros como sacerdotes! Para nuestro nuevo Obispo, fue un gran momento para seguir conociéndonos.

Mientras estaba en Greeley, encontré el siguiente artículo: “Con demasiada frecuencia presentamos la fe a los jóvenes como una especie de lista de control: si haces esto y no haces aquello, entonces serás católico. Esa es una especie de fe estéril que no funciona con esta generación. Necesitamos presentar la vida católica como una invitación a la conversión, un compromiso apasionado con el mundo y con Dios que puede ser una experiencia que cambia la vida. Los jóvenes buscan significado, no una lista de cosas que hacer o evitar”. ¡Ay! ¡Quizás quieras leer eso de nuevo! ¿Cómo presentamos realmente la fe a nuestros jóvenes?

El segundo día lo pasamos en pequeños grupos compartiendo nuestra vida y crecimiento espiritual unos con otros. Una de las mejores definiciones de la vida

espiritual que escuché fue esta: “Espiritualidad es vivir en paz con las tensiones causadas por lo que crees”. ¿No es cierto?

Nuestras creencias necesariamente causarán tensiones. Cómo vivimos en paz con ellos es la aventura de nuestra vida espiritual. Por ejemplo, si “amarnos unos a otros como Jesús me ama a mí” es una creencia importante en mi vida espiritual, ¿qué tensiones surgirán de eso? ¡Es doloroso! ¡Requiere sacrificio! ¡Algunas personas no quieren que ame así!

Ahora bien, ¿cómo vivo en paz con esas tensiones provocadas por lo que creo? Paso tiempo en oración con el misterio infinito de amor que es Dios. Dios es amor, ¡amándome! Le traigo mis miedos y ansiedades y veo las posibilidades que Él puede sacar de ellos. Dios me quita el ego, me purifica y me perfecciona poco a poco, para mostrarme mi verdadera dignidad como su hijo amado.

La oración no se trata de mi desempeño, competencia o comparación con los demás, sino de vivir libremente con estas tensiones. ¡Rezo para recibir de Dios lo que

realmente soy! La oración no es industria sino intimidad. La oración expresa, no impresiona. Dios no condena sino que me abraza con amor. ¡Solo su amor me salva!

Si compartimos esto con nuestros jóvenes, ¡imagínate lo que puede pasar!

Grandes cosas llegan a Castle Rock desde Roma, Asís y... Greeley!

Padre Mark Zacker