Ignacio de Antioquía



Ignacio de Antioquía (50 - 110) fue el tercer obispo de Antioquía, después de Pedro y Euodio, a quienes Ignacio sucedió alrededor del año 68 d. C. Ignacio, que también se llamaba a sí mismo Teóforo, fue muy probablemente discípulo de los apóstoles Pedro y Juan. Varias de sus cartas han sobrevivido hasta el día de hoy y generalmente se le considera uno de los Padres Apostólicos.


Ignacio fue arrestado por las autoridades romanas y transportado a Roma para morir en la arena. Esperaban hacer de él un ejemplo y así desalentar la difusión del cristianismo. En cambio, en cada ciudad donde encontraba cristianos, en su camino a Roma, los animaba a ser fieles a Cristo, y sobre todo los animaba a través de cartas: “Les escribo a todas las Iglesias y exhorto a todas, que muero de buena gana por el amor de Dios, si ustedes no lo impiden. Permíteme ser devorado por las bestias, y así alcanzar a Dios. Yo soy el trigo de Dios, y he de ser molido por los dientes de las fieras, para convertirme en el pan puro de Cristo” (carta a los romanos).


Estas cartas demostraron ser influyentes en el desarrollo de la teología cristiana. Muestran signos de haber sido escritos con mucha prisa y sin un plan adecuado. Ignacio es el primer escritor cristiano conocido que pone gran énfasis en la lealtad a un solo obispo en cada ciudad, que es asistido tanto por presbíteros (sacerdotes) como por diáconos. Ignacio también enfatiza el valor de la Eucaristía, llamándola "medicina para la inmortalidad". Su deseo ardiente por el martirio en la arena, que expresa bastante gráficamente en algunos lugares, parece bastante extraño y hasta chocante para nuestra época

Con afecto fraternal,

Fr. Homero C.

Párroco