Domingo de la Divina Misericordia



¡Feliz Domingo de la Divina Misericordia! ¡Nuestra Celebración de Pascua continúa por 50 días! (¡La Cuaresma fue solo 40!). Felicitaciones a aquellos que fueron bautizados, confirmados y recibidos en la comunión con nosotros la semana pasada:

Evelyn Chanita, Helen I. Chanita, Villaneissa Liffrig, Loc Martin, Carl Vaughan, Victoria Bradshaw, Keith Cox, Brad Joiner and Lori Norden.


Gracias a nuestros maravillosos coros, a quienes ayudaron a decorar la iglesia, y a todos nuestros diáconos, acólitos y monaguillos por su arduo trabajo. ¡Gracias a todos los que vinieron a la Misa de Pascua! ¡Nuestra Iglesia estuvo LLENA cada vez! ¡El Padre Homero y yo estamos muy agradecidos de ver su amor por Jesús y Su Cuerpo, la Iglesia! Espero estar en Roma este fin de semana con el Papa Francisco y todos los Misioneros de la Misericordia. Por favor, oren por nosotros. ¡Rezaré por ustedes!

Recientemente el Papa Francisco escribió, “Jesús resucitado se aparece a los discípulos varias veces. Consuela con paciencia sus corazones desanimados. De este modo realiza, después de su resurrección, la ‘resurrección de los discípulos.’ Y ellos, reanimados por Jesús, cambian de vida. Antes, tantas palabras y tantos ejemplos del Señor no habían logrado transformarlos. Ahora, en Pascua, sucede algo nuevo. Y se lleva a cabo en el signo de la misericordia. Jesús los vuelve a levantar con la misericordia, y ellos, “misericordiados,” se vuelven misericordiosos. Es muy difícil ser misericordioso si uno de se da cuenta de ser “misericordiado.”

?Quieres una prueba de que Dios ha tocado tu vida? Comprueba si te cuidas de las heridas de los demás. Hoy es el día para preguntarnos: ‘Yo, que tantas veces recibí la paz de Dios, que tantas veces recibí su perdón y su misericordia, ?Soy misericordioso con los demás? Yo, que tantas veces me ha alimentado con el Cuerpo de Christo, ?Qué hago para dar de comer a los demás?’ No permanezcamos indiferentes. No vivamos una fe a medias, que recibe, pero no da, que acoge el don pero no se hace don. Hemos sido “misericordiados,” seamos misericordiosos. Porque si el amor termina en nosotros mismos, la fe se seca. Sin los otros se vuelve desencarnada. Sin las obras de misericordia muere. Dejémonos resucitar por la paz, el perdón, y las llagas de Jesús misericordioso. Y pidamos la gracia de convertirnos en testigos de misericordia. Solo así la fe estará viva. Y la vida será unificada. Solo así anunciaremos el Evangelio de Dios, que es Evangelio de misericordia.”


.P Mark Zacker

Administrador parroquial