Gran Testimonio de San Policarpo



El martirio de Policarpo es una realidad histórica. Murió por una razón: su fe inquebrantable en el Señor Jesucristo. Sin embargo, la bien documentada muerte de Policarpo es solo una de las muchas vidas que se dieron para revelar y proclamar la verdad de Jesucristo. Teniendo en cuenta las muertes crueles y tortuosas de los cristianos de los primeros tres siglos, deben rechazarse todas las teorías de que el cristianismo es un mito fabricado. Incluso hoy, muchos morirán por una creencia, pero ninguno morirá por una mentira.


Dios permite la muerte de sus santos no porque sea indiferente, sino porque sus muertes son declaraciones poderosas del don de la vida (vida eterna) que se nos ofrece a través de la persona de Jesucristo. Policarpo, como muchos otros cristianos hasta el día de hoy, solo pudo morir por Cristo porque vivió para Cristo. Su vida fue transformada radicalmente por la obra del Espíritu Santo: las preocupaciones, dolores y temores de este mundo ya no lo ataban. La vida y la muerte de Policarpo nos ofrecen un ejemplo inspirador para todos los cristianos. Dio su vida terrenal por Cristo y, mediante su sacrificio, obtuvo la vida eterna.


San Ireneo relata que vio y escuchó a Policarpo personalmente en Asia menor; oyó al propio Policarpo decir que se había encontrado con el apóstol San Juan y otros que habían visto a Jesús. Ireneo también informa que Policarpo fue convertido al cristianismo por los apóstoles, fue consagrado obispo y se tuvo contacto con muchos que habían visto a Jesús.


Con afecto fraternal,


Fr. Homero C.